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Usuario:Balts'am Neek'

De Wikimedia México

Hago teatro y hacerlo me produce un pánico terrible y uno de los goces más plenos que he experimentado en la vida. Suelo iniciar con mucho entusiasmo cada nuevo proyecto escénico, me apasiona el trabajo de mesa, el análisis del texto dramático, la investigación dramatúrgica... y, cuando asoma el laboratorio, comienzo a entrar en crisis; una crisis que se acentúa cuando tengo que abrazar la palabra, memorizarla y llenarme de ella la piel, el cuerpo: encarnarla. A veces, el terror es tal que no puedo continuar en los proyectos; sobre todo si quien lo guía no tiene experiencia en la dirección de actrices o actores... pero, si logro traspasar la barrera del miedo y consigo hacer que la palabra haga de mi propio cuerpo su nuevo hogar, puedo sentir cómo me voy reconciliando con el hecho escénico y la palabra se vuelve una semilla: neek' (en lengua maya). Una semilla teatral: balts'am neek' . Y la semilla me habita, me toma, me posee por completo en un acto tan erótico como tanático, y no vuelvo a sentir miedo sino hasta la primera llamada. Es un miedo que crece a galope desbocado de la primera a la segunda llamada. Y, entonces, cierro los ojos: intento sentir cómo vibra colectivamente el público, cómo respira en conjunto, y busco empatar mi respiración-excitación con la suya; su vibración, con la mía. La tercera llamada es, pues, un salto al vacío que en la caída se va organizando (de orgánico, no orden) hasta ir convirtiendo el caos de emociones y pensamientos en una coreografía donde el ser baila tomándose de las manos con el estar... el miedo desaparece... la atención está puesta en todo... hay una suerte de malabarismo donde los objetos en el aire son sustituidos por la escucha hacia quien me acompaña en escena, la consciencia de los lugares bañados de la luz que provienen de las lámparas, el conjunto de movimientos precisos, el uso exacto de los objetos, la proyección de la voz, la dilatación de los movimientos: control e incertidumbre en un solo instante que se va alargando durante las dos o tres horas que dura la función; control, porque todos mis recursos técnicos y profesionales deben estar en juego; incertidumbre, porque hay cosas de mi personaje que desconozco y que hasta ése momento descubriré de él, y lo mismo él de mí. Y, así, arribo por último al final de la obra: todo debe ser como una filigrana... y el aplauso, generoso, del público lo confirma. Y, así, pienso colaborar con Wikipedia.